miércoles, 9 de enero de 2008

Pensando en término marinos (¡cachis!)

Ha ganado Hillary. La victoria siempre está ahí, a la vuelta de la esquina. Pero no hay que esperarla, hay que trabajársela para lograrla. Y una vez la tienes, no puedes confierte. Eso jamás. Me confié hace poco. Me creía más fuerte de lo que soy, creí que tenía más suerte de la que tengo, y pensé que el viento, al final siempre sopla. Y erré. ¿Cómo no? A veces hay que soplar uno mismo, hay que remar para llegar a puerto. Ahora, claro, me dedico a reorganziar la ruta, recomponer el mapa resquebrajado y mirar al frente en busca del horizonte. Sobre todo: mirar al frente.

Pensando en término marinos (¡cachis!)

Ha ganado Hillary. La victoria siempre está ahí, a la vuelta de la esquina. Pero no hay que esperarla, hay que trabajársela para lograrla. Y una vez la tienes, no puedes confierte. Eso jamás. Me confié hace poco. Me creía más fuerte de lo que soy, creí que tenía más suerte de la que tengo, y pensé que el viento, al final siempre sopla. Y erré. ¿Cómo no? A veces hay que soplar uno mismo, hay que remar para llegar a puerto. Ahora, claro, me dedico a reorganziar la ruta, recomponer el mapa resquebrajado y mirar al frente en busca del horizonte. Sobre todo: mirar al frente.

lunes, 7 de enero de 2008

¿La soledad era esto?

¿Levantarte tarde, muy tarde, porque no tienes nada que hacer ni nadie con quien quedar? ¿Comer lechuga ante la tele sin haber hablado con nadie en todo el día? ¿Llegar al trabajo con la voz de recién levantada porque no has abierto la boca hasta que cruzas el umbral de la puerta de tu trabajo? ¿Sonreír a desconocidos y hacer chascarrillos con los del bar para no parecer antipática? Es más, ¿para no parecer catalana?

viernes, 4 de enero de 2008

Hace ya más de seis meses que llegué a la capital. Y he decidido explicarme a mí misma en este blog.
Acabo de llegar de Barcelona, de pasar el nadal amb la família. Después de diez días en nuestra capital, estoy de nuevo en la otra y me siento, otra vez, como Sísifo. Vuelve a ser amable siempre, vuelve a mostrar sonrisa pase lo que pase, vuelve a quedar con gente que casi no conoces, vuelve a pedir un tercio y no una mediana, a comer fritos, tapas y salir sin parar. En definitva, vuelve a subir la montaña que cuando llegues a la cima se te caerá la roca y tendrás que volver a empezar. Un esfuerzo que decidí que valdría la pena. Así que tiene que tiene que valer la pena, tiene que valer la pena. Repito el mantra sin cesar y mis párpados parpadean nerviosos. Valdrá la pena o, al menos, habré crecido de tanto subir a la montaña.
Es lo que tiene el deporte.
Salut. Salut i República.